Ideas sobre la historia de la medicina

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Anda revuelto el mundo de los historiadores de la medicina (británicos) en estos últimos días. Claro, que no es para menos. El pasado 27 de julio, en la revista The Lancet, aparecía un comentario, firmado por el editor en jefe, titulado “The moribund body of the history of medicine“. En él se llega a decir que la historia británica de la medicina, en los últimos años, se ha convertido en “invisible, inaudible, and, as a result, inconsequential”. Ya no hay gente de la altura de Bynum, Temkin o Porter

Carsten Timmerman, desde las páginas de The Guardian, y Simon Chaplin, desde el blog the la Wellcome Library, se han encargado de dar cumplida respuesta. No en vano pertenecen ambos a esa generación que Horton desprecia.

No voy a insistir en esta polémica, sobre la que ya he dado mi opinión en el blog hermano, resaltando el que, desde mi punto de vista, es el mayor riesgo (pero también la mayor oportunidad) para la historia de la medicina: su progresiva desintegración en las humanidades médicas.

Este es un debate interesante, qué duda cabe, pero no es el que quiero traer a este espacio, porque creo que en España debemos hacer una reflexión previa.

La crítica de Horton en The Lancet a la historia de la medicina parte de un lugar sin el que no sería posible: que “antes” (en algún momento entre 1980 y 1999) se hacía historia de la medicina que sí era visible, que sí era fundamental, que tenía un impacto más allá de los círculos cerrados de la disciplina. Que trataba los temas más candentes de la relación ciencia médica / sociedad, y que encontraba un público en ambas partes… que era, en definitiva, relevante. Ahora sólo nos quedan las cenizas, dice Horton, y algún superviviente.

Pero para hablar de la historia de la medicina en España no podemos partir de este mismo punto. Si alguien escribiera hoy un artículo en una revista de prestigio internacional diciendo: “La historia de la medicina española no tiene ninguna relevancia social”, ¿qué diríamos? Claro, porque nunca la tuvo. ¿Quién es nuestro Roy Porter? ¿Quién nuestro Bynum o nuestro Temkin? (Y que conste, no creo que la existencia de estos “grandes nombres” garantice esa relevancia, simplemente sigo la argumentación, no muy sofisticada, de Horton).

Así pues el debate aquí no es si estamos o no a la altura de nuestros antepasados (que sí, pero en lo negativo) sino cómo podemos alcanzar algún tipo de relevancia social, cómo podemos ser útiles a nuestros conciudadanos. Y ahora sí podemos debatir sobre las humanidades médicas, sobre si debe la historia de la medicina disolverse en ella o no, sobre qué conservar y qué desechar… pero sólo una vez hayamos asumido que partimos de un lugar distinto. De que no tenemos el pasado que tienen ellos, ni el reconocimiento social como disciplina, ni sus departamentos, ni el Wellcome Trust, ni una Biblioteca y Museo Nacional de Historia de la Medicina como la que hay en Bethesda…

Terminaba el otro post con una canción de Dylan, que venía, creo yo, a propósito. Termino este con otra, también de Dylan, simplemente porque me apetece.

Hey ! Mr Tambourine Man, play a song for me
I’m not sleepy and there is no place I’m going to

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One thought on “Ideas sobre la historia de la medicina

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