Cerca y lejos. Reflexiones sobre la historia

En 1907, Bram Stoker, el por entonces desconocido autor de Drácula, visitaba a Arthur Conan Doyle en su casa de Hindhead, Surrey. El motivo era hacer una entrevista al autor de las obras de Sherlock Holmes (pero no sólo): una de las grandes personalidades de la última etapa victoriana y del nuevo régimen eduardiano. No nos puede extrañar, por otra parte, que Stoker se dedicase al periodismo. Sólo un par de años antes, en 1905, había muerto Sir Henry Irving, gran estrella de la escena inglesa y empresario de éxito, con quien Stoker trabajaba como director de negocios del Lyceum Theatre, en el West End londinense. Tras la muerte del gran actor-empresario, Stoker volvió a su antiguo trabajo de periodista, aprovechando la agenda que había creado tras 27 años como gerente del Lyceum Theatre para entrevistar a algunos de los grandes personajes del momento. De alguna forma había que pagar las facturas.

Stoker publicó unas memorias de esos 27 años, disponibles en Internet Archive. Vol 1 & Vol 2.

La casa de Doyle impresionó a Stoker. Las región, conocida como la Suiza inglesa, era impresionante. La casa, con sus numerosos ventanales, era luminosa y agradable. La decoración, llena de recuerdos de los viajes de Doyle por el mundo y de sus aficiones, le fascinaba.

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Arriba: Undershaw, casa de Arthur Conan Doyle.

Abajo: Vistas desde Undershaw.

Doyle trabajando en Undershaw.

Era una casa señorial, propia de un escritor de éxito como era Arthur. Además, la propiedad no comprendía únicamente la magnífica residencia, sino que incluía también los terrenos de alrededor, un par de edificios anexos, etc. Pero más que eso, Undershaw estaba completamente electrificada. Era la primera casa de Surrey que contaba con luz eléctrica. Algo por lo que Doyle, como podéis imaginar, tuvo que pagar generosamente.

A finales de la de década de 1890, Doyle contaba con una casa estupenda, pero no tenía efectivo. Arthur se mudó con toda su familia a Undershaw en 1897, y pronto inició una gira por los Estados Unidos, publicó el cuento La mano parda y la novela La tragedia del Korosko… pero no era suficiente. Así que, en 1902, Doyle publicó El Sabueso de los Baskervilleprimera novela de Sherlock Holmes desde 1894, escrita en y por Undershaw.

CC No 33 Sherlock Holmes.JPG
«CC No 33 Sherlock Holmes» por Chordboard – Self, from material in my possession.. Disponible bajo la licencia Public domain vía Wikimedia Commons.

Y mientras me dedico a esto, mientras me sumerjo en la vida de unos de los grandes representantes de la burguesía europea, el gran escritor británico que buscó convertirse en paradigma del “hombre del imperio”, creando y encarnando el ideal de “masculinidad imperial”, mientras trabajo en la mejor biblioteca de historia de la medicina del mundo, teniendo acceso a una colección impresionante de material de archivo, mientras investigo qué es ser burgués en el siglo XIX y principios del XX y qué relación mantenía esa comunidad transnacional con la cultura material, y cómo resolvían el problema de cuidar a sus pacientes enfermos incurables (la primera mujer de Doyle tenía tuberculosis), mientras tanto, repito, viviendo en una de las ciudades más vitales del mundo, me encuentro pensando en que necesito ir a Cartagena, para buscar en su archivo municipal y encontrar a los herederos de un médico muerto en la década de los 30 que viven en un pueblecito del Campo de Cartagena.

Y me encuentro en tal situación porque de repente intuyo que lo que pasó en Cartagena a finales del XIX es fundamental para responder a algunas de las preguntas de mi tesis. Porque necesito que escribir esta historia del cuidado sea también escribir una parte de mi historia. Ahora, que cuestionamos tantas cosas, es también el momento de cuestionar esas otras, de preguntar alto y claro por qué es más importante para entender el siglo XIX lo que pasa en Londres o París que lo que le ocurre a un comerciante valenciano o de Cadiz.

No se trata, al menos no me lo planteo así, de volver a hacer historia local (la gran promesa que se quedó en nada), ni mucho menos al localismo, sino de situar lo local en lo global, de decir que lo que pasa aquí, en este terruño, es importante. De situar las narrativas locales dentro de las grandes narrativas para dotar de sentido a ambas.

Simplemente, tengo la irresistible tentación de mirar desde mi casa, desde el barrio en que me crié y en el que no vivo desde hace diez años, para ofrecer una lectura distinta de los grandes fenómenos europeos. Tampoco se trata de recuperar el viejo discurso centro / periferia. Ni de realizar lecturas coloniales intraeuropeas, centradas en la subalternidad.

No sé muy bien de qué se trata, pero creo que es importante.

Como dije, este blog es político.

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