Hoy dice el periódico…

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El pasado viernes estuve, invitado por Fernando Broncano, en la Universidad de Verano organizada por el Instituto 25M. La mesa, organizada por Fernando, estaba dedicada, precisamente, a política universitaria. Con el título La Universidad en cambio, su objetivo era iniciar un debate público sobre la universidad a partir de un lugar muy básico: el punto de vista de aquellos que la “sufrimos”, expresado desde distintos momentos vitales. En la mesa estaban representados, más o menos, todos los estratos de la carrera académica: un catedrático (Fernando Broncano), una profesora contratada-doctora (Lucía Gómez Sánchez), un investigador postdoctoral (el que suscribe) y una estudiante de doctorado (Teresa Casas).

Fue una jornada interesante, en la que compartimos opiniones, dudas y certezas con gente de muy distinta procedencia, pero con los que compartíamos, en mayor o menor medida, experiencias. Experiencias de injusticia, de enfermedad laboral, de inestabilidad y precariedad. Experiencias de sacrificio, de tener que abandonar proyectos vitales (un novio, la maternidad), en la búsqueda de la excelencia.

Pero también sirvió para constatar cómo, a partir de esa experiencias comunes, podíamos extraer conclusiones que nunca eran exactamente iguales, cuando no completamente divergentes. Pese a lo cual, surgió de allí, y del debate posterior, una idea de universidad. Difusa, impalpable aún, lista para llenarse de contenido. Pero presente.

Una universidad cuya intención fuera crear sujetos activos y solidarios. Una universidad con raíces. Una universidad que luchara contra la precariedad. Una universidad que fuera protagonista en su entorno cultural. Una universidad que fuera mucho más de lo que es ahora. Una universidad ilusionante.

Todavía hay que crear esa universidad. Hay que lanzar ideas, proponer soluciones, reformar lo reformable y cerrar lo que no tenga salvación. Pero ahí está, como un objetivo, como una idea a la que dotar de forma.

Frente a esa universidad construida desde abajo, en colaboración con su entorno social y económico, se alzaba ayer la propuesta de Ciudadanos. Una propuesta que no dedica ni una línea a nada de lo anterior. Una propuesta que pretende que la financiación de la universidad dependa de cuántos de sus alumnos egresados encuentren empleo (en un país con el 51% de paro juvenil, el más alto de la OCDE), una propuesta que apuesta por financiar a la universidad de acuerdo a su posición en los rankings internacionales (lo que no es más que perpetuar un error, pues esos rankings no miden lo que nos dicen que miden), una propuesta que pretende convertir la universidad en una empresa, que compita no sólo con otras universidades, sino también consigo misma. Los departamentos con los departamentos, los titulares con los contratados doctores.

No es extraño, puesto que el programa de ¡educación! de Ciudadanos lo ha coordinado un economista. Además, uno muy pro-sistema. No nos puede extrañar que este Professor en la London School of Economics apueste por un modelo, el anglosajón, sin tomar en cuenta, eso sí, las protestas que desde dentro de ese modelo se están produciendo, tanto por parte de los estudiantes (que reclaman cambios en la docencia y en la democracia universitaria) como del profesorado (que denuncian cómo el estilo managerial impuesto por los economistas del gobierno les impide realizar correctamente su actividad).

Frente a esta visión sesgada de la universidad propuesta por Ciudadanos (una universidad pensada como fábrica de trabajadores), lo único que podemos hacer es decir que no. Que sus reformas no arreglan nada, más bien al contrario, y que el camino es completamente equivocado. Frente a estas propuestas que no buscan sino profundizar la introducción de una lógica de la competencia y del libre mercado, debemos mirar a esa universidad posible que delineamos el pasado fin de semana, y empezar a construir los caminos que nos conduzcan a ella.

Poner nuestra creatividad, nuestro saber, nuestro sentido del humor, nuestra felicidad, nuestras experiencias de desarraigo, nuestras ansias de cambio, a colaborar (fuck, yes!). A colaborar.

Y es una tarea urgente.

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